En las últimas décadas, las tecnologías electrónicas digitales se
han desarrollado a un ritmo acelerado. La incorporación de tecnologías de la
información y la comunicación al proceso productivo y económico ha permitido
descentralizar los procesos de producción mediante el intercambio de información sin
barreras de tiempo ni espacio. A este proceso se le ha conocido como la
“revolución digital”.
Estas tecnologías han dado lugar a una nueva concepción
del proceso de la información que abre otras opciones para la comunicación
interpersonal. Estas tecnologías han abierto al usuario común la posibilidad de
convertirse en creadores y generadores, desde su propia casa y a través de su
computadora personal, en áreas que antes estaban limitadas a técnicos y
especialistas. Dada la creciente importancia de estas tecnologías, es de esperarse
que su impacto se extienda a todas las ramas de la actividad humana, incluyendo
la política.
La gran necesidad de información que demandan las sociedades
actuales ha propiciado que constantemente se exploren nuevas herramientas y
tecnologías que permitan almacenar, obtener y transmitir la información de una
manera mucho más rápida y eficiente. El desarrollo de la electrónica en las
décadas recientes ha permitido también el desarrollo de las tecnologías
digitales para la información y la comunicación. Estas tecnologías han llevado
a la sociedad a entrar al nuevo milenio en lo que se ha dado en llamar “era de la información” e incluso se habla de
que es el hecho más relevante desde la Revolución Industrial.3 La
gran dependencia de la información, así como a las tecnologías derivadas de
esta necesidad ha ocasionado que la sociedad actual sea conocida también como
la “sociedad de la información”.
Las tic, aunque existen diversas definiciones, pueden
considerarse como un conjunto de aparatos, redes y servicios integrados en un
sistema de información interconectado y complementario. En pocas palabras, las
tic se refieren a un conjunto de procesos y productos que son el resultado del
empleo de nuevas herramientas surgidas del campo de la informática relacionadas
con el almacenamiento, procesamiento y transmisión digital de la información.5 Dadas
sus características, conforman un sistema integrado por dos elementos
principales:
- Informática: caracterizada por el uso de hardware y software, que permiten producir, transmitir, manipular y almacenar la información con mayor efectividad, distinguiéndose la multimedia, las redes locales y globales (conocidas como internet), los bancos interactivos de información, los servicios de mensajería electrónica, entre otros.
- Telecomunicaciones: representadas por los componentes destinados a la transmisión de señales telefónicas, telegráficas y televisivas que permiten transmitir la señal a grandes distancias sin necesidad de usar repetidores.
Dentro de estas nuevas tecnologías, existe una plataforma que
destaca por sus múltiples usos, así como por su número de usuarios y que es
conocida como la red global, que es un conjunto descentralizado de redes
informáticas de comunicación y tiene su origen en la red informática ARPAnet
(dentro del proyecto de Investigación Avanzada para la Defensa Nacional).
La red global, más ampliamente conocida como internet, es una red que vincula
ordenadores coordinados a través del protocolo World Wide Web o por sus
siglas en inglés www. Este servicio dentro de la internet permite la consulta
remota de información contenida en archivo de formatos determinados como
hipertexto.
La relevancia de internet, comparada con otros medios o herramientas
de comunicación, puede resumirse en cinco elementos principales:
1. Transmite información a una velocidad mayor que otras
tecnologías.
2. Transmite volúmenes más grandes de información a múltiples
destinatarios desde un conjunto más amplio de fuentes.
3. Permite la descentralización del control de la
información.
4. Disminuye los costos de diseminación de información tanto
a emisores como a receptores.
5. Permite la interactividad en la tecnología de los medios
entre los usuarios conectados.
Tales características han extendido el uso de estas
tecnologías y en consecuencia aumentado el número de usuarios en el mundo. Sólo
en los últimos 20 años, la influencia de los medios digitales para transmitir
la información a la par que las telecomunicaciones se ha visto beneficiado por
el desarrollo tecnológico que ha permitido la miniaturización de los
componentes tecnológicos y, con esto, mayor acceso a estas tecnologías.
México, de acuerdo con datos del itu,
no se encuentra entre los primeros cinco países con mayor índice de desarrollo
y penetración de las tic en Latinoamérica, y se ubica por detrás de Estados
Unidos, Canadá, Argentina, Uruguay y Brasil, en ese orden. Aunque el número
creciente de usuarios de estas tecnologías se debe a la alta demanda por
obtener información, comunicarse más rápidamente o conducir diversos tipos de
negocios a través de estos medios, existe gran disparidad en el acceso, los
precios y la cobertura, lo que crea distorsiones en los supuestos beneficios.
Más adelante se regresará a este punto.
Las
tic se han constituido en un elemento vital en nuestra sociedad. Su amplia
utilización en el mundo ha traído como consecuencia un importante cambio de la
actividad humana al encontrarse inmersas en todas las facetas de la vida
cotidiana, así como en el desenvolvimiento de las instituciones productoras de
bienes y de servicios. Estas tecnologías se han vuelto herramientas
estratégicas en muchas ramas de la actividad humana, por lo que en los últimos
años se ha insistido en una enorme expectativa de cambios que para la vida
social en general deberían ofrecer estas tecnologías.
La incorporación de nuevas tecnologías —en especial las herramientas
de internet— al proceso productivo y económico, ha permitido descentralizar los
procesos de producción mediante el intercambio de información a una velocidad
más alta y a precios relativamente bajos. Como consecuencia, se han modificado
no sólo los procesos productivo y comercial, sino también el económico y el
social.
Como consecuencia lógica de lo anterior, los medios masivos de
comunicación y la publicidad han tenido que cambiar sus métodos tradicionales
por medios interactivos. Se ha suscitado también un cambio respecto de los
métodos tradicionales de movilización de la opinión pública y de la actuación
de los medios de comunicación en la política. La publicidad política ha tenido
que incluir mensajes novedosos para llegar a los usuarios de estas tecnologías.
Pero los usuarios, fieles al carácter interactivo de estos espacios, han reclamado
su lugar en la nueva forma de hacer política a través de las tecnologías de la
información y la comunicación.
Las nuevas tecnologías han abierto a los usuarios comunes la
posibilidad de convertirse en creadores y generadores desde su propia casa y
desde su computadora personal, en terrenos que antes estaban limitados a
técnicos y especialistas. Es entonces común escuchar que el auge de las tic
obliga a replantear los modelos explicativos de la participación política, ya
que aparentemente, la manifestación de éstas ha gestado una serie de cambios
respecto de los métodos tradicionales de movilización de la opinión pública, de
actuación de los medios de comunicación y del papel de los políticos. Algunos
autores afirman que estas tecnologías pueden favorecer la obtención de
recursos, estímulos y actitudes importantes para la actividad política (Lupia y
Philpot 2005). Asimismo, la captura del voto electoral ha obligado a los partidos
políticos a incorporarse rápidamente a las tecnologías digitales.
La
llegada de internet ha dado renovados bríos a los diletantes de la
participación política. Para éstos, la red permite afrontar el tipo de diálogo
al que aspiraban los antiguos griegos con la democracia representativa. Se dice
que las nuevas tecnologías son democratizadoras, pues permiten acceso y
participación igualitaria de los individuos en asuntos políticos. Hablar de
comunicación política es aludir a la comunicación que se establece entre los
gobernantes y los gobernados. Así, un elemento indispensable para la
participación democrática se cimienta en el diálogo entre candidatos y
electores o entre gobernantes y ciudadanos.
Estos ejercicios ayudaron a incrementar la fama de internet como
un medio catalizador de la participación política. De hecho, la red ha ampliado
enormemente el espectro de canales que permiten el intercambio de opiniones
políticas y la promoción de iniciativas o movilizaciones que tratan de influir
en las decisiones del electorado. Sin embargo, ningún estudio o dato ha logrado
probar la relación entre tecnología y participación política.
La literatura
sobre los usos políticos de internet está caracterizada por el debate entre dos
tendencias principales: la que sostiene que es un elemento movilizador y la que
sólo la considera como otra expresión de la movilización política tradicional
previamente existente. Para quienes apoyan la primera, con la red han nacido
nuevas formas de participación política. En cambio, la segunda sugiere que
internet supone alternativas de participación para personas que no utilizan los
mecanismos tradicionales y en particular para los jóvenes, es decir, se trata
de una herramienta que sólo refuerza la participación tradicional.
Como vimos en la sección anterior, es común oír que la aparición
de internet ha potenciado la actividad política, ya que permite nuevas
actividades y un consumo mucho más rápido de información política, y la
recepción y envío de estímulos movilizadores.
Las conclusiones de este conjunto de investigaciones extendieron
la idea de que la interacción social y las redes sociales potencian la
participación política. No es de extrañar entonces que, dado que se piensa que
las redes sociales virtuales mantienen las mismas características que las
reales, se haya concluido que la red tiene elementos catalizadores de la
participación política. Siendo que las tecnologías suelen poner en contacto a
personas con las mismas características, ha sido sencillo para muchos
defensores de éstas aceptar las conclusiones de las investigaciones y asumir
que todos los usuarios de estas tecnologías suelen compartir no sólo ciertas
características sociales, sino también impulsos y creencias políticas.
Desde la invención del telégrafo, cada nuevo adelanto tecnológico
ha sido publicitado como el nuevo facilitador de la democracia. Ningún aparato
tecnológico por sí solo ha de aportar los significados, las identificaciones y
motivaciones para que la población se sienta representada, escuchada y
partícipe de las decisiones de gobierno. De hecho, las características
potenciadoras de la democracia que se le atribuyen a la tecnología pueden ser
exageradas o fuera de proporción.
Internet, por ejemplo, no ha cambiado las campañas políticas de
fondo, sólo las ha tecnificado. No es de extrañarse entonces que los encargados
de realizar estas campañas para los políticos hagan uso de todos los medios
posibles a su alcance y las tácticas se adecuen a los usos y costumbres de la
gente. No se está negando que puedan contribuir, pero sin duda los efectos de
estas tecnologías han sido exagerados. Prueba de esto, son las actividades de
los políticos en internet en EUA, un país considerado paradigmático en estos
temas, donde 70.4% de la población es usuaria de internet (Internet World
Stats 2010). De hecho, un análisis de
estos sitios de internet reveló que no contaban más que con la información
necesaria y en algunos casos era del todo incompleta e insuficiente (The
Bivings Group 2008).
En este mismo sentido, la investigación de Butcher (2003) resulta
iluminadora. Ésta se enfoca en el uso de herramientas de internet para la
movilización política. Butcher demuestra que a pesar de la gran importancia que
se le da a las redes sociales y a los blogs, éstos difícilmente pueden
influir en la opinión pública y mucho menos en los resultados de las elecciones
(Butcher 2003), porque a pesar de tener un creciente número de usuarios, son en
realidad utilizados por una proporción muy pequeña de los usuarios de internet,
y más pequeña aún de la población en general. Los números presentados por
Butcher también sugieren que los usuarios de estas redes y blogs políticamente
activos suelen buscar y, en su caso, participar en aquellas redes con las que
más se identifican. De hecho, también muestra cómo los blogs creados y
visitados son en realidad de apoyo a un candidato o partido, más que crear
foros de discusión (Butcher 2003, 53). En este mismo sentido está el caso del
reporte de la investigación al entonces presidente estadounidense Bill Clinton,
por el fiscal Kenneth Starr, conocido como el Reporte Starr. El día de su
publicación en internet, el 12 de septiembre de 1998, provocó 340,000 consultas.
El reporte fue replicado en otros sitios electrónicos como el de la cadena
noticiosa Cable News Network.
Si bien la aparición de internet exige una revisión del
concepto de participación política por la razón evidente de que la gente puede
ahora participar políticamente desde la red, es más importante aún saber si
esta participación que se produce en la esfera online tiende a
reproducir los modos ya existentes offline o responde a una lógica
diferente. Para ellos es necesario contar con tres elementos críticos:
a) Las dimensiones habituales del comportamiento político.
b) El uso general que cada ciudadano hace de internet.
c) Los usos específicamente políticos que se hacen de
internet.
Mientras tanto, sólo podemos afirmar que la participación política
online únicamente refleja los modos de la participación política
tradicional u offline.
Otro elemento importante a tener en cuenta, es el hecho de que la
democracia ha ido perdiendo credibilidad como modelo de gobierno, lo cual se
evidencia en la falta de participación política de la sociedad. La gente
participa cada vez menos en política y lee cada vez menos.
La
brecha digital en México
En México, las cifras son similares. Actualmente existen alrededor
de 34 millones de usuarios de estas tecnologías con 25.6 millones de
internautas mayores de 6 años en zonas urbanas, y 5 millones de internautas
mayores de 6 años en zonas no urbanas (amipci 2011), pero con uno de los crecimientos
más impresionantes de países similares. Por otro lado, hay muchos países en
desarrollo que han tenido un gran crecimiento entre 2000 y 2004, en cuanto a
número de usuarios de internet se refiere. Es el caso de Brasil con 311% de
crecimiento; México con 269.9%; Irán, 1,167.2% y Arabia Saudita con 609.5%, por
nombrar algunos. De igual forma, el estudio de Freedom House (2011) revela que
México presenta una penetración de estas tecnologías catalogada como media.
Entre los puntos negativos de México está la escasa penetración de
internet entre la población, motivada por:
a) El desigual avance tecnológico en el país.
b) Los altos precios en el servicio.
c) Una deficiente infraestructura nacional.
d) Falta de competencia en el sector de las telecomunicaciones.
e) Una falta de independencia del ente regulador, la Comisión Federal
de Telecomunicaciones (Cofetel).
Es de notar el avance desigual del país, pues, de acuerdo con
datos de amipci, a pesar de que el promedio de computadoras por hogar en México
es de 1.2, y 80% de los hogares cuenta con 1 o más teléfonos celulares, 63% de
los hogares no cuentan con computadora y 20% de hogares no cuenta con telefonía
celular.
El mayor crecimiento de penetración de usuarios de internet, se
dio en los niveles socioeconómicos más altos, con 71%, mientras que sólo 20%
del estrato más bajo ha tenido contacto con esta tecnología. De acuerdo con
esta misma encuesta, las actividades sociales online de los usuarios de
estas tecnologías son principalmente enviar mensajes de correo electrónico,
mensajes de texto y llamadas telefónicas y 4 de cada 10 lo utiliza para chatear
con sus contactos. Aunque en otros países, el uso y la importancia de internet
ha ido en aumento, en México no existen elementos que ayuden a afirmar que está
siendo una herramienta importante en la actividad política.
La regulación de los usos políticos y electorales de las
tic
Sin embargo, el gobierno mexicano no se ha visto impedido por esto
para regular la actividad política en la red. Si bien es cierto que hay una
tendencia mundial a regular el uso político de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación, la legislación electoral mexicana se caracteriza
por una sobrerregulación de la actividad político-electoral, que lleva a que en
muchos casos las actividades y debates políticos en estos medios sea seriamente
limitada. Aunque tanto la cpeum y el Cofipe permiten que cualquier aspirante a puesto de elección popular, un
partido político o una coalición, den a conocer sus ideas a través de internet,
el uso de estas tecnologías no está debidamente regulado. Sin embargo, esto no
ha impedido que se hayan realizado diversas acciones en contra de la publicidad
por este medio y que, peor aun, se le hagan extensivas ciertas normas originalmente
enfocadas a los medios de comunicación “tradicionales”, como radio y
televisión.
Quizá la más notoria es la regulación sobre la cual el tepjf ya se
ha pronunciado, referente a las campañas negativas, las cuales, de una u otra
manera, están prohibidas, aunque se carezca de una sanción claramente definida
en la legislación electoral. Tal como menciona Ballinas (2010), la crítica a
las campañas negativas suele centrarse en el aparente efecto perjudicial que
tienen en el proceso electoral. Los candidatos, en su afán de ganar la atención
de los electores, suelen afectar el proceso electoral en su conjunto. Con este
supuesto, las autoridades mexicanas, a través del tepjf, comenzaron a construir
una vía jurisprudencial para resolver estas controversias de manera expedita,
ya que existe una interpretación de la Constitución sobre la prohibición de este tipo de
actividades.
A pesar de esto, debe notarse que dado que la publicidad en medios
electrónicos ha cambiado el carácter de la lucha partidista, las campañas
políticas y el discurso político. Estudios sobre campañas negativas en este
país muestran que en lugar de afectar los niveles de abstencionismo, en
realidad estimulan la participación del electorado. Asimismo, otras
investigaciones han comprobado que las personas expuestas a información
negativa (sobre todo en imágenes televisivas) tienen mayores niveles de
respuesta y presentan mayores niveles de atención que cuando son expuestos a
igual número de imágenes positivas (véase Lang, Newhagen y Reeves, 1996; Reeves
et al. 1989).
En resumen, en México el uso de las tic se encuentra severamente
limitado, ya que el acceso está restringido por factores geográficos y
económicos. Como lo muestran las cifras, la mayoría de las personas no cuenta
con acceso a estas tecnologías, ya sea porque en el lugar en donde viven no se
cuenta con esos servicios o por los precios prohibitivos de éstos. Segundo, la
conducta de los mexicanos con estas tecnologías revela que las utilizan
principalmente con fines de entretenimiento y muy pocos las utilizan para
acciones políticas marginales, y nunca acción política directa. Esto revela que
la población activa políticamente y que cuenta con acceso a estos medios, los
utiliza de esta forma, pero nunca que estas tecnologías potencian, incrementan
o modifican la participación política