“El
profeta más polémico de la comunicación humana Marshall McLuhan adelantado a su
época, <<estamos frente a una nueva revolución brindada por un nuevo
medio…más comunicación personal, más elección, pero también más incertidumbre. Y
más posibilidades de manipular y ser manipulado>>. En el artículo: Nuevas
Tecnologías de Comunicación: ¿Oportunidad o Riesgo para la Esfera Pública y la
Democracia?, Miguel Lara Otaola, amplia la visión sobre el estatus de la
economía social, por la forma de comportarse se considera sensible, competitiva,
exigente que solicita dedicación absorbente en todo momento, el esfuerzo te
hace estar desgastado, debido a que las tecnologías se modifican y actualizan
constantemente transformando nuestros paradigmas de comunicación. Hoy los
medios de comunicación tradicionales están perdiendo terreno contra nuevas
formas de expresión, más libres, más abiertas, más democráticas; la llegada de
los teléfonos móviles, el Internet, los SMS, los blogs, eBay, Google y el P2P
nos ha acercado más a la tecnología y así estos medios han venido a transformar
y ampliar nuestras formas de comunicación y participación. Por un lado, estas
nuevas tecnologías pueden ayudar a tener una sociedad más democrática donde
exista una mayor participación, una ampliada capacidad de acción frente al
poder, mayor y mejor debate y deliberación y finalmente más transparencia y
rendición de cuentas. Sin embargo estas tecnologías también conllevan ciertos
riesgos ya que pueden traer desinformación y subinformación1, una nueva y más
efectiva propaganda y manipulación, desorientación ante informaciones frívolas
y vacías de contenidos útiles para la democracia, y una nueva sociedad
orwellizada compuesta de multitudes virtuales. Las tecnologías pueden ser
vistas ya sea como un complemento para la deliberación, base de la democracia,
o como un sustituto de la misma que inhibe la razón, la crítica y la
participación política.
Las
TICs contribuyen al desarrollo al permitir una mayor rendición de cuentas y
transparencia. Newt Gingrich, un político americano de derecha, “afirma que
mediante la puesta la apertura de un servidor llamado THOMAS (The House Open
Multimedia Access System), que llevará a Internet toda la actividad del
Congreso, será más difícil hacer pasar proyectos de ley que beneficien
solamente los intereses particulares y que la difusión de informaciones en
tiempo real dará a toda la gente y no sólo a los lobbyistas, el acceso a las
mismas fuentes”, ejemplo que México debería hacer como benchmarking.
Pero
no todo es miel sobre hojuelas, porque la generación de tanta información puede
llevar a estar desinformado en temas relevantes para el proceso democrático y
para la participación en política, falta de compresión y la superficialidad de
contenidos son algunos riesgos. Por otro lado los nuevos medios de comunicación
si bien son interactivos podrían convertirse en televisiones de tercera
generación ya que podrían volverse simples emisores con informaciones vanas
para un público pasivo y bien podrían representar una nueva forma de “pan y
circo” como hoy lo hacen ciertas emisoras de televisión en nuestro país
(Televisa y TV Azteca). En tercer lugar, la información que, entre otras cosas,
hace funcionar mínimamente a una democracia debe ser libre, independiente,
autónoma e imparcial y en este sentido las nuevas tecnologías abren caminos
peligrosos ya que podrían servir como nuevas herramientas para una propaganda,
manipulación y desinformación más eficaces. Finalmente y aunado a esto último
podríamos llegar a una era de las multitudes de cuño virtual que por su fuerza
desinformativa y sesgada (trivial o no) podrían sacudir los cimientos
democráticos de manera orwelliana.
El
primer riesgo que presentan estas tecnologías, el de subinformación,
desinformación y falta de comprensión, no necesariamente es intrínseco a la
tecnología ya que puede derivarse tanto de la responsabilidad de los actores
como de la responsabilidad del Estado. En primer lugar vemos como la ciudadanía
muchas veces prefiere la información relativa a la farándula o al chisme en
lugar de informaciones estadísticas, científicas, históricas o políticas que podrían
alimentar el cauce democrático a través del debate y la crítica.
A
través de las redes sociales la opinión debe surgir de la sociedad civil y de
la libertad y no de la imposición, debe surgir del debate y no de las órdenes,
es horizontal y no vertical. En la democracia, también horizontal, la
participación surge de la ciudadanía y no de un ente ajeno a ésta. La
televisión es una opinión publicada, más no una opinión pública, es un ente
ajeno que impone sus voluntades y como tal puede desviarnos de la libertad e
independencia de la información al fijar su propia agenda, intereses y por lo
tanto contenidos. La fijación y filtración de contenidos inhibe la capacidad
del espectador a debatir y a disentir y genera estados de opinión colectivos.
La escasez de información libre y soberana sobre cierto tema hace que el input
de la sociedad sea único, monopólico y en el mejor de los casos oligopólico,
cosa que atenta directamente contra una de las raíces de la democracia que es
la libertad de expresión.
Las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos permiten tejer una
nueva red de relaciones sociales que expande la democracia a través de una
mayor participación ciudadana y libertad de expresión, pero por otro lado estas
mismas herramientas con sus mismas posibilidades pueden traer trampas que nos
conduzcan a un futuro más cerrado, autocrático e ideologizado. Siempre todas
las tecnologías nuevas tendrán una segunda derivada, es decir un lado negativo
a ellas, ya sea desde el punto ecológico, económico o político y es nuestro
deber prever estas posibles consecuencias para evitar lo negativo y escoger las
oportunidades positivas que se nos ofrecen. Afortunadamente hoy en día todavía
contamos con una opción y con la decisión que se tome podremos elegir entre la
ceguera, el adorar una alfombra o el comer helado.